"Con el debido respeto, Sr. Presidente, eso no es verdad" Así comienza un comunicado firmado por más de 200 economistas en el que critican con dureza el millonario rescate propuesto por el presidente de EEUU, Barack Obama. Los economistas, pertenecientes a varias de las más prestigiosas universidades de EEUU y entre los que hay varios premios Nobel como V. Smith y V. Buchanan, niegan su apoyo al incremento de la intervención del gobierno en la economía, como solución a la crisis, y consideran que un desmedido gasto público no es la vía para salir de la crisis económica.
El presidente Obama y sus “asesores” parecen olvidar los antecedentes de la Gran Depresión del siglo pasado. Entonces, para combatir las consecuencias del crack financiero del 29, el gobierno de Roosevelt puso en marcha el llamado New Deal, con unos porcentajes de inversión pública similares a los de Obama, con el objetivo de crear millones de puestos de trabajo mediante ambiciosos programas de infraestructuras de origen gubernamental. El tremendo sacrificio presupuestario que se plasmó en la creación de déficits públicos insostenibles, no sirvió para reactivar la Economía, ni reducir el índice de desempleo, y la Depresión se mantuvo hasta el inicio de la II Guerra Mundial. Además, el sector público desterró a la iniciativa privada del ámbito económico, cortando de raíz la inversión empresarial y transformando la Recesión económica en Depresión.
Ahora, se quiere inyectar en el sistema financiero cientos de miles de millones de dólares con el fin de impulsar el crédito y dotar de liquidez a cientos de entidades prácticamente en quiebra. Obama y su Gobierno hacen oídos sordos a las advertencias lanzadas por esos analistas de prestigio sobre los graves peligros que representan el gasto público y la expansión del crédito para resolver la actual crisis. Ellos insisten en su diagnóstico: el rescate público de la economía y de la banca empujan a Estados Unidos hacia el "colapso del dólar", la "hiperinflación" y, finalmente, la "quiebra". La sombra del Supercrash avanza con fuerza.
En España tenemos un presidente que no sabe nada de economía, ni siquiera le dedicó las dos tardes con Jordi Sevilla que le recomendaron algunas personas de su entorno. Lo peor es que tampoco le importa, la considera un fenómeno molesto que le impide dedicarse a lo que es verdaderamente lo suyo: La Alianza de Civilizaciones, el Cambio Climático, el Igualitarismo de géneros, el nihilismo posmoderno, etc. Con el ardor propio de quien se sabe Iluminado nos estuvo convenciendo primero de que la Crisis no iba con nosotros y luego de que la culpa era de Bush, del libre mercado y de los “neocon”.
Por fin, cuando se le acababan los argumentos, con la misma rapidez con la que crecía el desempleo en España, encontró un nuevo Mesías, alguien que compartía sus ideas y que comprendía como él, hacia dónde debía caminar ese nuevo mundo socialdemócrata puro, de la era de Acuario. Ahora, sabía qué directrices económicas seguir: las de ese experimentado estadista, mezcla de Denzel Washington y Malcolm X, al que aclamaba el mundo del progresismo occidental con fruición de neófitos esenios, inversión pública a “troche y moche”, fondos de miles de millones de euros, que no se sabe en qué se aplican o a quién benefician, o sí ¡? pero que están generando un déficit brutal que no se sabe cuándo, cómo o sí se podrá pagar. Lo mismo que en el caso de su admirado Obama, o peor, porque en España, además, vamos a llegar al 20 % de parados reales a finales del 2009.
Ahora Zapatero se ríe, ya está el tema resuelto, he ahí el camino, el despilfarro estatal. ZP, igual que Obama incurre en uno de los mayores vicios que están presentes en nuestros países: el mito de la omnipotencia estatal. Por eso, sin miedo, nos promete: proteccionismo, inyección de liquidez a sectores en crisis, cobertura al desempleo aunque no trabaje nadie… Son promesas más propias de un demagogo bananero que de un supuesto estadista pero parece que nadie se escandaliza, ni las pone en duda, no es políticamente correcto.
Sin embargo, la realidad, por dura que parezca, es que el Estado no crea riqueza, sólo la redistribuye; dicho de otra manera, todo el dinero que obtiene procede de las rentas que previamente han generado los agentes privados de la economía. ¿Y qué sucedería si un número muy significativo de los agentes económicos se quedara desempleado o quebrara? Pues simplemente que los ingresos del Estado se desmoronarían. ¿Acaso el Gobierno podría, en este contexto, seguir sufragando los subsidios de una población crecientemente desempleada? Obviamente no, de donde no hay no se puede sacar; por mucho que se empeñen, por mucho que quieran hacernos creer que el Estado tiene capacidad para generar riqueza de la nada.
Convendría que nuestros presidentes tomaran nota de los consejos de esos 200 expertos, que sí saben de economía: “para mejorar la economía deberían concentrarse en reformas que eliminen los obstáculos al trabajo, al ahorro, a la inversión y a la producción”. Además, señalan que "unos impuestos más bajos y una reducción de la carga del gobierno son las mejores formas de utilizar la política fiscal, si lo que se quiere es favorecer el crecimiento".
Que Barack Obama siga el ejemplo de Ronald Reagan, que fue un actor mediocre pero un magnifico presidente para los EEUU, él lleva camino de ser un magnífico actor, recuérdese sus apariciones en campaña electoral, pero un presidente nefasto para su país y el resto de los estados del mundo.
En el caso de ZP la cosa es más grave por cercana. Primero, negó la recesión, luego negó la depresión y ahora promete la recuperación. Me temo que tendremos que volver a recordar al presidente Reagan: “Recesión es cuando tu vecino pierde el empleo, depresión es cuando tú pierdes el empleo y recuperación es cuando Zapatero pierda el suyo”.
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févr. 15 2009, 02:19
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abadenas