En estos últimos meses tan duros, el sufrido ciudadano agobiado por el paro, las hipotecas, las insolvencias empresariales… se vuelve hacia su Gobierno en busca de la tan prometida solución. Se suceden los discursos, las comparecencias y las declaraciones de quienes nos gobiernan, en particular del presidente del Gobierno, último responsable de todo este descalabro, cuya arrogancia le lleva a suponer que tiene la facultad de resolver cualquier dificultad que se plantee en el orden político o económico, basta con que lo piense, lo desee y lo anuncie. En esas declaraciones se hace referencia continua a la implantación de medidas para afrontar la crisis, cuando, en realidad, estamos todavía esperando una primera medida que merezca recibir tal calificativo. ¿Qué es lo que está pasando?
Estamos sufriendo las consecuencias de un verdadero “síndrome de Peter Pan” que afecta a nuestros gobernantes, estos auténticos hijos de la postmodernidad, de lo fruitivo, del pensamiento débil y de la caída de los metarrelatos. Situaciones extremas como ésta son las que les gustan a estos eternos adolescentes, ZP y Obama nos van a conducir al “País de Nunca Jamás” donde todos viviremos en un ambiente ecológico, sin cambio climático, con igualitarismo sexual, trabajo funcionarial y un Estado que velará para que todos pensemos y actuemos en línea con lo políticamente correcto, además se acabará el hambre en el mundo y la guerra será sustituida por la Alianza de Civilizaciones. Un mundo feliz de luz y de color en la era de Acuario. Para ello, van a utilizar los “polvos de Campanilla” en forma de planes de estímulo y con ellos derrotarán al malvado “Capitán Garfio” (R. Reagan) y sus piratas (Thacher, Bush, Aguirre y Aznar) promotores del libre mercado y las políticas neocon. Nosotros también estamos invitados a volar con ellos.
O sea: Si nos encontramos en una mala situación económica y nuestros gastos son superiores a los ingresos, lo lógico sería modificar nuestro estilo de vida: reducir los gastos, amortizar deuda, ahorrar e incrementar los ingresos en la medida de lo posible. Es algo que parece sencillo y obvio, ¿no? Pues no.
Nuestros Peter Panes adolescentes nos dicen que en lugar de destinar nuestros ahorros a lo esencialmente básico para nuestra familia, hemos de vender nuestro coche contaminante y gastarnos dos veces más en uno ecológico. Esto mismo se puede aplicar a la producción de energía barata sustituida por las energías renovables.
También nos dicen que todos los ciudadanos han de trabajar para aportar más dinero. Y dado que muchos se han quedado sin empleo por la crisis, les hemos de asignar un sueldo de nuestro propio peculio para que hagan las tareas más insólitas, como p.ej. ir al cine, así incrementaremos el empleo y nuestras rentas familiares.
Pero lo esencial es que creen que el Estado tiene el poder para responder a las presentes dificultades, creen en el poder del Estado para generar prosperidad, reformar el sistema financiero y la sanidad y transformar la economía energética. De nuevo el plan de estímulo, y como en su mente estímulo=gasto ¡Sorpresa! un incremento de impuestos.
Lo cierto es que ya hay demasiados impuestos, en un momento en que los hogares necesitan aumentar sus ahorros. Ahora nuestros presidentes subirán los impuestos sobre empresas, sobre la inversión, y sobre las rentas de los creadores de empleos más productivos (de forma directa, o clandestina como le gusta a ZP, me da igual)
Cuantos más impuestos grava y más pide prestado el Gobierno, más difícil se hace para los pequeños empresarios expandir sus negocios y para las familias pagar las hipotecas. Y los intereses de la deuda del Gobierno serán sufragados por otro de los grupos que forman la gente olvidada: Las siguientes generaciones.
Cuando nuestros presidentes afirman que solo el Gobierno tiene los suficientes recursos para sacarnos de la presente situación, pasan por alto (arteramente) el hecho de que los recursos que usa son los mismos que crean ésos ciudadanos a los que no se tiene en cuenta.
Curiosamente, Obama y ZP coinciden en culpar a la avaricia y la falta de control del Estado de todos los males que aquejan hoy en día al sistema económico del mundo desarrollado. Sin embargo, más allá de las falacias y la demagogia que rodean dicho discurso, esta visión políticamente correcta ni siquiera atisba el origen real del problema: Esto es, la intervención del Estado en materia monetaria, mediante la fijación arbitraria de tipos de interés, así como la estrategia bancaria de endeudarse a corto plazo e invertir a largo, propio del actual sistema basado en la reserva fraccionaria y el dinero fiduciario sin soporte real (patrón oro).
Nuestros presidentes podrán intentar arrogarse los méritos cuando finalmente salgamos del agujero, pero realmente seremos nosotros los que habremos solucionado la crisis. Nosotros no necesitamos ser estimulados por los “polvos de Campanilla” simplemente, tenemos que ser recordados como la primordial fuente de riqueza y ser dejados en paz para trabajar como podamos y sepamos en generar esa riqueza.
Porque, de momento, Obama y ZP, sin llegar a tener la gracia de Peter Pan, tampoco parecen haber llegado a adultos, es decir, a calcular las consecuencias de sus actos.
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mars 01 2009, 02:15
by
abadenas