Atrapados en la Red I. El Reino de los perdedores de tiempo

Presume Mark Zuckerberg, creador de Facebook, Feisbuc o feisbú para el español internauta, que su página web sería el sexto país más poblado del mundo: 175 millones de usuarios. 175 millones de personas que, al menos una vez en su vida, han entrado en la página en cuestión y han creado su propio perfil. Pero, ¿qué es eso del “perfil”? Para los no iniciados les ofrezco una pequeña introducción a la famosa red social.

El perfil feisbú es una ficha del usuario donde se ponen cosas como el nombre, la fecha de nacimiento y otros datos personales que, interesan sólo a los enemigos del usuario. Así, por ejemplo, hay gente que pone la ciudad donde vive, su dirección de e-mail y su cita preferida (algo cursi), lo cual no compromete mucho; pero otros, más generosos con las cosas personales, ponen sus libros y películas favoritas, ponen lo que andan buscando: mujeres, hombres o ambos; ponen su ideología política, dónde estudiaron, a qué se dedican y cuáles son sus gustos, aficiones y resto de cosas que “les hacen perder el sentío”. Algunos, los menos, llegan a poner una pequeña descripción de sí mismos, que, por descontado, es siempre muy mejorada.

Pero, ¿por qué lo llaman perfil cuando podrían decir ficha? Pues por la sencilla razón de que nos encanta tomar palabras del inglés y calcarlas tal cual. Así “perfil” es, en realidad, “profile”, y suena como muy de consultora estratégica, Y dejamos la ficha pa’l INEM o en la comisaría, que es donde tiene que estar.

Una vez rellenado el perfil llega el bautismo en las redes sociales y en la güé (web) dospuntocero, que es algo irresistiblemente moderno y atractivo. Lo primero que hay que hacer es agregar amigos. Se dice agregar amigos de “add friend”, o, lo que es lo mismo, “añadir amigo”, pero aquí, decimos agregar como si, en lugar de coleguillas del curro, se tratase de datos macroeconómicos. En cambio, en el mundo real, los españoles hacemos amigos, no los agregamos, ni los añadimos. Amigos de gente como Joshua, repartidor del Telepizza, o como Saray, cajera del Mercadona, que todavía no se ha enterado de que existe el Feisbú… ni falta que le hace.

Con todas las amistades agregadas, Feisbuc se revela en toda su grandeza. Para empezar, podemos subir fotos de nosotros mismos y de nuestras cosillas. Yo, que, a diferencia de Saray, sí que sé lo que es el Feisbú, subo a mi perfil muchas fotos de mis compañeros de trabajo y una vez están arriba las comparto con mi red de amigos agregados, con todo el mundo mundial o incluso con mi "cuñada Choches", que desde que lo descubrió sólo tiene ojos para el Feisbú.

Además de las fotos, el Feisbuc permite hacerse miembro de grupos, alguno de lo más curioso. También ofrece la posibilidad de decirle al personal cuántos idiomas se conocen y de poner sobre un mapamundi todos los sitios donde uno ha estado. Este mapa siempre que lo miro me da que pensar, porque la gente se pasa media vida en Ámsterdam y la otra media en Miami, pero yo a mis amigos del Feisbuc lo más lejos que los he visto es en Málaga comiendo pescaíto… y eso sí que no lo ponen en el mapa, no vaya a ser que venga el amigo del amigo y los desagregue. El desagregado es quizá el peor trance por el que puede pasar un feisbucero. A mí, sin ir más lejos, una vez me desagregó, mi amigo Kevin y lo pasé fatal.

Soy de la firme opinión de que quien ha pasado por esa experiencia es capaz ya de cualquier cosa en esta vida, incluyendo el dejar de fumar. Ya sabe, insulte a uno de sus agregados y viva el despecho de ver cómo le desagregan… ese vacío, esa rabia electrónica contenida, ese no saber cómo responder, esa reconciliación. Hágalo, no se arrepentirá.

Pero, el Feisbuc permite no sólo tener amigos sino poder hablar con ellos en vivo y en directo. Cuando uno menos se lo espera, en una esquina de la pantalla salta como un resorte una cajita de texto en la que un agregado desconocido te dice…

-¿Hola, cómo va la cosa?

Señores, esto es internet, esto es el siglo XXI, esto es Feisbuc, esto es el dospuntocero elevado a la enésima potencia. La culminación de un millón de años de evolución…

¿No les parece fascinante? Así, sin conocerse de nada, sin haber siquiera compartido una pizza, se mete alguien en su cuarto y les pregunta cómo va la cosa. ¡Gracias Zuckerberg!, aunque bien mirado, casi hubiese preferido que Saray, la del Mercadona, viniese a pedir un poco de sal llamando primero a la puerta.

En fin, no todo son gratas experiencias antropológicas, también hay espacio para el esparcimiento. En Feisbuc hay miles de juegos de todos los tipos que prometen horas y horas de entretenimiento gratuito... o no gratuito, porque algunos cuestan dinero de verdad que se transforma en virtual y que termina inevitablemente en el bolsillo de los creadores del juego.

En una comunidad tan grande, y creciendo, hay gente para todo, Los hay que sólo se dedican a poner cosas en el muro de los demás. ¿Qué es eso del “muro”? El muro es, un calco del inglés “wall”. Es una página donde los agregados vienen y dejan una nota, por lo general agradable y habitualmente cursi sobre la amistad compartida. Más les vale, porque una nota inoportuna o escrita de mal café, es motivo suficiente para el desagregado inmediato. Como para pensárselo.

En Feisbuc se pueden hacer muchas más cosas, tantas como para pasar el día entero y la noche en vela pegado a su pantalla. Es la herramienta definitiva para perder el tiempo, un arte tradicional que estaba de capa caída desde que hacer pelotillas con las secreciones nasales empezó a ser considerado de mal gusto. Si fuese un país independiente sería el Reino de los Perdedores de Tiempo, desheredados del mundo moderno que también tenemos derecho a nuestro común, improductivo e inalienable espacio. Lo que yo nunca esperé es que fuésemos tantos, 175 millones… ¡Dios mío! casi como Brasil donde, por cierto, también se dedican a su peculiar e intransferible Feisbú da samba. Así que, ya saben, agreguen a mi "cuñada Choches" y, ya que están, agréguenme a .


Posted mars 08 2009, 04:01 by abadenas
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